99%

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Por Jaider Espinosa Valencia. Docente Ciencias Sociales, Ansermanuevo 17 febrero.

Cuando llegué a Anserma, un calor particular se metió en mis pulmones. Su clima era brevemente más elevado que el de Cali. Llegué con una colchoneta y todos los libros de mi biblioteca. No traje nada básicamente porque nada tenía. Yo no sabía cocinar, escasamente había “abandonado” la casa de mi mamá y nunca había cogido una escoba. Hoy, después de casi 5 años, rememoro esa llegada y los desenlaces que llenaron la vida. 

Como no tenía nevera, debía consumir los alimentos que me empacaba mi mamá en un corto tiempo. ¿Pueden imaginar la alegría que me dio cuando la profesora Ines se ofreció a guardarme “lo que necesitara” en su nevera? Le dije “gracias” con ojos brillantes casi de enamorado. Mis desayunos cambiaron, también los almuerzos y por fin podía tomar bebidas recién saliditas de la nevera (solía buscar “venta de hielo” en las casas del pueblo)

La ropa la transportaba cada 8 días para la lavadora de mi mamá en Cali. Salir corriendo un viernes para Transnovita a abordar la buseta para Cartago con severenda  maleta no tiene precio. Recuerdo que las campanas de la iglesia sonaban siempre a las doce en punto y mis madrazos a las 12:30.  Nunca le vayan a preguntar a la profesora Karen cómo salí una vez que se me daño la maleta. 

Lo que más extrañaba de Cali eran los frijoles de mi mamá. Una vez vi unos en el parque central de Anserma. Olían y físicamente se parecían a los de mi casa. Salí con una “coca” con el único propósito de conseguir una porción. Ya servidos por un precio de 1.000 pesos, la señora muy amablemente me preguntó: “¿le va a echar grasa?”. Yo siempre había visto a mi mamá que servía los frijoles y luego les echaba un guiso. Me imagine que era eso. Dije sí. La señora sacó un cucharon de grasa, una mezcla de albóndiga con empanada y salchichón y, pum, se llamaban frijoles. 

Cuando llegó Felipe a vivir a mi casa, mi soledad cambió considerablemente. Él había sido Boyscout como yo, entonces dije entre mí: “con este socio voy a salir a conocer este pueblo”. Efectivamente salimos a caminar casi todas las noches. Empezamos dándole 2 vueltas a la cancha del polideportivo. Más adelante él subiría a 15, yo me estancaría en 10. Fuimos flacos y jóvenes alguna vez, aunque hoy no lo parezca. Luego compramos estufa, nevera y barríamos la sala y lavábamos el baño cada 8 días. Fue con Felipe y el profesor Gabriel con quienes conseguí todas las claves del wifi de “los bares” del parque. La táctica se hizo necesaria, pues “alcaldía gratis” se saturaba. 

Como la casa que arrendé era tan grande, mientras más pasaba el tiempo más  profesores fueron arribando. El profesor Gabriel, la profe Karen de Pereira, Diana Elisabeth y hasta la novia de Pipe llegaron a la casa. No se sabía dónde hacía más calor, si afuera o adentro de la casa. El techo estaba fabricado con madera al parecer traída por Robledo en 1539. El polvo en la calle era tanto que había que tener las ventanas cerradas siempre. Y la bulla era tan “deliciosa” los domingos que yo particularmente terminé añorando más el ruido que producían las campanas de la iglesia cada hora.

En el trabajo todo marchó con normalidad (A pesar de que por razones del servicio me tocó enseñar las operaciones básicas entre los números enteros e irracionales. Fui profesor de matemáticas) Me asignaron un escritorio en un rincón de la sala de profesores (que hoy no existe) Allí mismo en horas de la tarde se ubicaba Lucelly, una profesora muy dedicada y entregada a la democracia como las que más. Por esas cosas del destino la vida nos terminó cruzando. Las inclinaciones políticas de Lucelly sumadas a sus posiciones a favor de los maestros son, hasta la actualidad, detalles dignos de admirar. Hace poco lloré con ella por teléfono cuando tuvo una recaída familiar. Espero saldar algún día todas las discusiones (y un almuerzo) que quedaron pendientes.

El ambiente laborar fue agradable. Alrededor mío un gran grupo de trabajo lleno de cualidades (de las que yo carecía), profesoras de danzas, de español, de química, de educación física, de religión, de matemáticas (ave y el gordito) Conocí profesores que podían medir los tríceps, que jugaban baloto con los estudiantes, que escuchaban salsa y hasta bailaban mejor que yo. La de religión nunca la olvidaré. Martha, siempre olía rico y solía tener una condición para saludarla: abrazarla duro. Con ella aprendí que cada buen abrazo puede significar un adiós para siempre. 

A César mi hermano, tendría que escribirle tres cartas más como esta, una para el bolsillo de la camisa, otra para la agenda y otra digital para el computador. Es obsesivamente ordenado. Tiene tanta buena energía que me saludaba de apretón de mano varias veces en el día. A veces lo miro y pienso: ¿Por qué me quiere tanto? ¿Por qué lo quiero tanto? A él y su esposa Lina todos los buenos deseos del mundo. Gracias por esa sopita de pescado que siempre quise aprender a preparar. En sus hijos la humanidad seguirá teniendo esperanzas. Serán como una luz necesaria.  

Con los directivos del colegio las relaciones fueron una gran contradicción. Yo, un estudiante de política graduado de la Universidad del Valle con los libros de Foucault y su panóptico en los colegios, vivía bastante prevenido. Yo sabía que la terminación en una discusión acalorada podría terminar siempre afirmando la relación Trabajador/Jefe que me unía a ellos.  Todas esas teorías me tocó revaluarlas el día que yo personalmente los invité a una protesta a la que estaba invitando el sindicato.  Ese día asistieron con la cabeza pero además sería la primera vez que iba a ver al rector en una marcha por el rescate de la Educación Pública. 

En esas marchas del sindicato conocí muchas personas. No recuerdo a cuántas marchas, mítines o reuniones fui. Pero cada que había algo del sindicato conocía gente. En casi todo el norte del Valle las historias eran las mismas. Todos los docentes siguen trabajando una vez terminada la jornada laboral. Ser maestro no se limita a las actividades en el aula. Los buenos docentes siempre están pensando en sus clases y en sus estudiantes, siempre. Fue en el sindicato que recordé mis años de representante estudiantil, esos años donde “queríamos alcanzar el cielo con las manos”. Allí, como en el pasado, fui elegido uno de delegados de los maestros de Anserma. Saqué el 49% de los votos. Varias veces les di las gracias por ese voto de confianza, no sobra de nuevo estas más grandes. 

A mi hermana Sandra Espinosa, deseo sinceramente que su Dios la siga acompañando. Es una compañera muy valiosa para el colegio, para los estudiantes, y sí ella se lo propone, también para los maestros (sindicalmente hablando) Gracias por no dejarme solo en el Semillero Estudiantil de Lectura Crítica. Admiraré siempre su entrega con toda su familia, particularmente con sus hijas. “Dios quiera” pueda yo agradecerle todo lo que hizo por mí. 

Con los trabajadores administrativos, biblioteca, pagador, aseadores, vigilantes y secretarias nunca me llevé mal. Siempre estaban trabajando, hasta en vacaciones. Respeto mucho su trabajo y sé que medio colegio funciona gracias a ellos. A Aleida gracias por los 20 favores que me hizo. A Gustavo gracias por el río, las tortugas y todas las prenóminas. A las chicas del restaurante, que en muchas ocasiones suplieron a mi mamá, muchas gracias. Fue un gusto conocerlas en el sentido literal de la palabra. 

¿Qué se puede decir de mis estudiantes? La verdad parece que la vida premia a pocos dejándonos escoger los hijos. Es una palabra muy grande y que jamás entenderé, pero deben saber que lo más parecido al “sentimiento de un hijo” son mis estudiantes. ¿Entenderán que sus triunfos académicos los sentí casi míos? Yo hasta hoy soy conciente que son varios los que me admiran. Ojalá cojan ese vicio de leer un poco de todo, les ofrezco la garantía que será lo único que les ayude a mantener los pies en la tierra pero sobre todo a no tragar entero. Gracias a los que tendieron su ayuda aquel día que tuve un problema. Los extrañaré.
A la gente del pueblo que me recibió y me conoció. Muchas gracias por su hospitalidad y sus buenos consejos. Anserma tiene un potencial gigante en lectura crítica. No solo por los resultados del ICFES sino porque sus gentes tienen ese don de expresarse y entender su contexto. Fueron mi segunda casa y yo ese hijo desobediente que sólo valoró lo mucho que le brindaron ese día que creció y se fue. Seguramente esta vida que asumí nos juntará de nuevo. De mi parte parto con los brazos abiertos y un pedazo de corazón en el techo blanco, del segundo piso, enseguida del salón de César. 

A las personas que nunca preguntaron por mi futuro. A aquellos que dude en incluir en esa “crítica sincera”. A esos que le cambiaron los ojos cuando yo esperaba un reflejo en ellos.  A aquellos que nunca se rieron sinceramente conmigo. A esos que me dejaron de hablar sin una explicación racional. A los que no me escucharon. Para ellos también un “GRACIAS”. El 99% de Anserma vivirá en mi cerebro, el resto solo en mi hígado. 



"Nada de cruces"




Si te murieras tú
y si se murieran ellos
y me muriera yo
y el perro
qué limpieza

ESO


Mi cansancio
mi angustia
mi alegría
mi pavor
mi humildad
mis noches todas
mi nostalgia del año
mil novecientos treinta
mi sentido común
mi rebeldía.

Mi desdén
mi crueldad y mi congoja
mi abandono
mi llanto
mi agonía
mi herencia irrenunciable y dolorosa
mi sufrimiento
en fin
mi pobre vida.


Vive


Aquel amor
aquel
que tomé con la punta de los dedos
que dejé que olvidé
aquel amor
ahora
en unas líneas que
se caen de un cajón
está ahí
sigue estando
sigue diciéndome
está doliendo
está
todavía

sangrando.


Todo es muy simple


Todo es muy simple mucho
más simple y sin embargo
aún así hay momentos
en que es demasiado para mí
en que no entiendo
y no sé si reírme a carcajadas
o si llorar de miedo
o estarme aquí sin llanto
sin risas
en silencio
asumiendo mi vida
mi tránsito

mi tiempo.

Thénon: frescura y desparpajo


Susana Théron


Si te odiara,
el mundo no se inmutaría:

nunca el mundo se ensaña
con los que odian.

En cambio te amo
y todo es catástrofe alrededor:

las voces, las manos, los rostros
todos quieren apedrearnos





Juego

Despojémonos de todo aquello
seguro
que se proyecta al exterior
con trazo lentos
y definitivos.
Todos empleados en la tarea
de ser, vivir, sentir
sin otros lazos.
Y quien no atine a sofocar
su amor por lo prohibido,
reclame su derecho al dolor,
su penitencia.
Despojémonos de todo cuanto
nos conformó a imagen y semejanza
nuestra
y gustemos sabiamente para el recuerdo
el minuto absurdo y libre.






Yo creo en las Noches



AYER tarde pensé que ningún jardín justifica
el amor que se ahoga desaforadamente en mi boca
y que ninguna piedra de color, ningún juego,
ninguna tarde con más sol que de costumbre
alcanzan a formar la sílaba,
el susurro esperado como un bálsamo,
noche y noche.
Ningún significado, ningún equilibrio, nada existe
cuando el no, el adiós,
el minuto recién muerto, irreparable,
se levantan inesperadamente y enceguecen
hasta morirnos en todo el cuerpo, infinitos.
Como un hambre, como una sonrisa, pienso,
debe ser la soledad
puesto que así nos engaña y entra
y así la sorprendemos una tarde
reclinada sobre nosotros.
Como una mano, como un rincón sencillo
y umbroso
debería ser el amor
para tenerlo cerca y no desconocerlo
cada vez que nos invade la sangre.
No hay silencio ni canción que justifiquen
esta muerte lentísima,
este asesinato que nadie condena.
No hay liturgia ni fuego ni exorcismo
para detener el fracaso risible
de los idiomas que conocemos.
La verdad es que me ahogo sin pena,
por lo menos he resistido al engaño;
no participé de la fiesta suave, ni del aire cómplice,
ni de la noche a medias.
Muerdo todavía y aunque poco se puede ya,

mi sonrisa guarda un amor que asustaría a dios.


"Habitante"



Eres habitante
de mis deseos prohibidos.
Tu ritmo se levanta
cerca de mi latido más tenue.
Tu credencial
es un gemido.





"Canto nupcial"



Me he casado
me he casado
me he dado el sí
un sí que tardó años en llegar
años de sufrimientos indecibles
de llorar con la lluvia
de encerrarme en la pieza
porque yo —el gran amor de mi existencia—
no me llamaba
no me escribía
no me visitaba
y a veces
cuando juntaba yo el coraje de llamarme
para decirme: hola, ¿estoy bien?
yo me hacía negar
llegué incluso a escribirme
en una lista de clavos
a los que no quería conectarme
porque daban la lata
porque me perseguían
porque me acorralaban
porque me reventaban
al final ni disimulaba yo
cuando yo me requería
me daba a entender
finamente
que me tenía podrida
y una vez dejé de llamarme
y dejé de llamarme
y pasó tanto tiempo
que me extrañé
entonces dije
¿cuánto hace que no me llamo?
añares
debe de hacer añares
y me llamé y atendí yo
y no podía creerlo
porque aunque parezca mentira
no había cicatrizado
sólo me había ido en sangre
entonces me dije: hola, ¿soy yo?
soy yo, me dije, y añadí:
hace muchísimo que no sabemos nada
yo de mí ni mí de yo
¿quiero venir a casa?
sí, dije yo
y volvimos a encontrarnos
con paz
yo me sentía bien junto conmigo
igual que yo
que me sentía bien junto conmigo
y así
de un día para el otro
me casé y me casé
y estoy junta
y ni la muerte puede separarme.

Inés Arredondo y la perversión



By: Alfredo Rosas M.

Los caminos de la perversión en la literatura de Inés Arredondo son diversos. En varios de sus cuentos el mal nace del corazón y se fuga por la vista, y de aquí, a lo que encuentra –o mira– más cerca. Y en ocasiones lo que está más cerca es la propia familia en la que suele surgir la tentación del incesto, o algo que tiene que ver con él.

La perversión es un desvío del sentido correcto de las cosas. Las conductas poseen, en principio, una dirección adecuada, conveniente, normal. Por alguna circunstancia, hay un momento en que esa dirección sufre un trastorno, una perversión. El desvío es en sentido contrario. Si la dirección hacia delante es la correcta, ésta tiene que ver con el bien; por tanto, la dirección contraria tendrá que ser incorrecta y estar en relación con el mal. El término perversión remite a conductas no ortodoxas, indebidas.

En el cuento “Estío”, la perversión gira, aparentemente, alrededor del incesto. En la época más calurosa del año, una mujer madura convive con su hijo, Román, y con Julio, amigo de aquél. La época de estío se le presenta como la más propicia para dar rienda suelta a su eros soterrado durante muchos años. Aún joven, ardiente y reprimida, empieza a destilar el mal, antes de que estalle en su interior, a través de la vista. Ella contempla con insistencia a los dos jóvenes adolescentes mientras ellos juegan, nadan y se divierten.

A la perversión le gustan los disimulos. Todo parece indicar que entre la mujer madura y Julio, el amigo de su hijo, hay una mutua y secreta atracción. Julio, al parecer, no es ajeno a esta situación. Ella empieza a sentirse turbada ante la presencia del joven. Las acciones de la mujer madura son significativas. Se da un baño y, desnuda, se tiende en el cemento del piso y aprieta contra él la sien, la mejilla, los pechos, el vientre y los muslos, como si quisiera silenciar los bramidos de su cuerpo que acaba de despertar al deseo.

La perversión se disimula por medio de la ambigüedad. Un sábado deciden ir los tres al mar. La mujer contempla los cuerpos de ambos jóvenes, los flancos que palpitan brillantes por el sudor; escucha el jadeo de sus respiraciones. Por única vez, alude con una imagen al fruto prohibido que representa su hijo, Román. Al hacer éste una pirueta en el aire, ella dice: “El cuerpo como un río fluía junto a mí, pero yo no podía tocarlo.” Finalmente, el disimulo cobra forma y todo se inclina hacia Julio, quien se siente perturbado e intranquilo al convivir con una mujer que es como el sueño dorado de un hombre joven y virgen. Como si sospechara, tal vez, que no hay nada mejor que ingresar a la vida conducido por una mujer de experiencia a cambio de la inocencia: “Nunca he estado con una mujer”, susurra el joven al oído de la mujer.

El susurro provoca un estruendo en el cuerpo dormido de la mujer madura. Su reacción se resuelve en imágenes sugestivas. Baja a la parte trasera de su casa y descalza pisa la tierra húmeda que es fermento saludable a punto de volverse putrefacción; la huerta húmeda y exuberante es como su alma desparpajada; la tierra y las hojas podridas son el humus de su incontenible eros. Acaricia el tronco de un árbol como le gustaría acariciar el cuerpo desnudo de un hombre o como le gustaría que la acariciaran a ella: “Mis manos conociendo el árbol. Caminos todos de la sangre ajena y mía, común y agolpada aquí, a esta hora, en esta margen oscura.”
La mujer perversa, sobre todo en verano, siempre sabe lo que tiene que hacer. Un día decide quedarse sola en casa. Ya de noche, se contempla desnuda frente al espejo y se tiende sobre la cama, echada ahí, igual que un animal enfermo se abandona a la naturaleza. Escucha que los jóvenes llegan a la casa, cierran la puerta de la calle con llave y se dirigen a sus respectivas recámaras. Mientras tanto, ella espera. Un ligero ruido en el pasillo y ella sabe que ha llegado el momento, como si aquello hubiera sido lo que había estado esperando durante aquel tiempo interminable: “Lo abracé con todas mis fuerzas –dice la mujer–, y fue entonces cuando sentí contra mis brazos y en mis manos latir los flancos, estremecerse la espalda. En medio de aquel beso único en mi soledad, de aquel vértigo blando, mis dedos tantearon el torso como árbol, y aquel cuerpo joven me pareció un río fluyendo igualmente secreto bajo el sol dorado y en la ceguera de la noche. Y pronuncié el nombre sagrado.” Pero el hombre joven resulta ser Julio, el amigo de su hijo.

La verdadera perversión en este cuento no es el incesto. Un cuento cuenta dos historias al mismo tiempo: una superficial y otra secreta; esta última se revela en un final sorpresivo. La historia secreta se refiere a cómo una mujer madura, sensual y reprimida elabora un plan para salvar la inocencia propia y la de su hijo y, al mismo tiempo, para quedar como culpable de otra acción nefasta: ve, admira, desea, provoca a un adolescente virgen. Ella anhela que sea su hijo el que esté en el pasillo oscuro, pero sabe que sólo puede ser Julio, el amigo de su hijo. A la mujer madura le satisface la humillación que provoca en el joven cuando éste se entera que ha sido aceptado en el lugar de otro, y le satisface también la decepción y el horror que le provoca al joven inocente al saber a quién se refiere el nombre sagrado: “Lo nuestro era mentira porque aunque se hubiera realizado estaríamos separados. Y sin embargo, en medio de la angustia y del vacío, siento una gran alegría: me alegro de que sea yo la culpable y de que lo seas tú [se refiere a Julio]. Me alegra que tú pagues la inocencia de mi hijo aunque eso sea injusto.”

Ilusión rota, humillación, horror en el joven al escuchar el nombre sagrado; gusto, alivio y satisfacción en ella. Lo que provoca, lo que siente y lo que disfruta la experiencia sobre la inocencia: este es el verdadero acto de perversión.

Muertos malos y muertos buenos


Muertos malos y muertos buenos


By: Gloria H*
No sé si a usted le pasa lo mismo que a mí porque definitivamente las contradicciones me están enloqueciendo. Me levanto por la mañana, escucho noticias de Venezuela y se me encoge el alma. Cómo no impactarse con la situación de tantos hombres, mujeres y niños que sufren por decisiones políticas. 

Claro que estoy a favor de Guaidó, de su valentía para enfrentar este momento. Pero inmediatamente me surge la figura de Trump y su arrogancia con México, veo su ‘apoyo’ a Venezuela y no sé de qué lado estoy. Con el ‘bueno’ o con el ‘malo’. Difícil manejar este vaivén emocional. Porque concluyo que Trump es bueno cuando se emberraca con Maduro pero es ‘malo’ con su arrogancia para imponer su muro a los mexicanos, pasando aun por encima de sus mismos compatriotas. Con Maduro me ‘gusta’ su poder, que apriete y acorrale para presionar. 

Mis incoherencias continúan: ¿Le aceptaría la solución de una invasión? No, claro que no. Pero y si no es con invasión, ¿cómo entonces? Aceptarle que lo haga es una patente de corso para que lo repita en cualquier momento y a cualquier territorio. Es darle un poder ilimitado, es hacerlo ‘dueño’ del mundo. ¡Qué peligro! ¿Qué decidir? Otra vez, ¿de qué lado debo estar?

El terrorismo es nefasto desde cualquier perspectiva que se mire: eso es claro. Pero esto no significa que se deban violar las normas para igualarse con los transgresores. La guerrilla y el Estado no pueden comportarse de la misma forma. Así sea injusto y desproporcionado. La filosofía no puede ser “malo que ellos lo hagan pero bueno que nosotros sí”. Entonces hay que sancionar a la guerrilla pero eso no da licencia para que el Estado pase por encima de la norma. Hacerlo significa que se da patente de corso para ‘acomodarla’ al amaño de las circunstancias. ¿Quién vuelve a creer? 

Duque debe exigir pero no violentar acuerdos. El Presidente no se crece porque crea que ‘pisoteando’ a su antecesor es más fuerte. Por el contrario, se está enterrando un puñal a nivel nacional e internacional… Y así nos muramos de la rabia, tarde que temprano hay que dialogar. Y más vale ‘temprano que tarde’ porque eso evitará muertes inocentes. La violencia no se elimina con más violencia. Así el mundo patriarcal y prepotente lo haya creído y practicado.

¿Qué muertos contabilizamos u ‘oficializamos’ y cuáles invisibilizamos? Sí, Aldemar Rojas mató a 21 muchachos, pero a él no se lo contabiliza en la lista de muertes del terrorismo. Fueron 21 o 22. Equivocado o no, este hombre también es una ‘víctima’ del terrorismo, con una familia detrás. Entonces, ¿hay muertes buenas y hay muertes malas? ¿Quién las cataloga?

Matar es malo, nadie puede disponer de la vida de otros. A nivel individual se califica como asesinato. A nivel de los Estados es permitido y se denomina ‘defensa nacional’. 

¿Cómo le explicas a un niño cuándo sí y cuándo no? ¿Quienes dan el ‘permiso’ para marcar la diferencia? El meme es contundente: “¿Y si matamos a los malos, quedamos los buenos? No hijo, quedamos los asesinos”. 

La cultura padece de esquizofrenia porque las incoherencias son infinitas. Encontrar el norte en medio de esa maraña es complejo. Lo que significa entonces que el camino que tenemos por delante es antes que nada un camino de humildad y tolerancia. Arduo, difícil y cuestionador.

Tomado de: Periódico Elpais de Cali

Carlos Gaviria Díaz "Camino de la Patria (POEMA)