
En la larga entrevista que le dio a María Isabel Rueda el lunes pasado, el presidente Juan Manuel Santos contestó muy bien todas las preguntas, pero no dijo nada. Que la Corte magnífica, que el Congreso también, que los alcaldes y gobernadores los mismo, que para la Cruz Roja y las organizaciones de socorro no tiene sino gratitud, que con los militares le pasa lo mismo, que con Hugo Chávez otro tanto, que con Barack Obama igual, que Rodríguez Zapatero dice cosas muy lindas, que el ministro de Defensa está haciendo una buena labor, que la seguridad democrática sigue avanzando, que los comentarios del expresidente Uribe son muy constructivos, y que en general todo va divinamente. Las críticas que se le hacen, aseveró, “son injustas y contrarias a la verdad”. Solo una revelación hizo Santos en toda la entrevista: que los mamos arhuacos de la Sierra Nevada le habían dicho que iba a llover.
Que fue muy interesante. Como estoy seguro de que lo fue también la que tuvieron, después de la entrevista publicada el lunes, María Isabel Rueda y el presidente Juan Manuel Santos.
Esa misma noche del lunes, Santos se dirigió al país en un discurso transmitido por la televisión. Y tampoco dijo nada.
O sea: siguió haciendo lo propio de los buenos políticos. En los momentos de emergencia para la comunidad, como es actualmente el de Colombia antes los estragos causados por la ola invernal (independientemente de todo lo demás: pues la situación en Colombia siempre es grave), en los momentos de emergencia, digo, ¿qué hacen los dirigentes políticos? Moisés, por ejemplo, cuando el pueblo de Israel andaba perdido en el desierto, fue y se sacó de la manga los diez mandamientos: “Amarás a tu Dios sobre todas las cosas”, etcétera. O, para hablar de casos más recientes, Winston Churchill, cuando las bombas nazis empezaron a caer sobre Inglaterra salió a hablar por la radio: “Combatiremos en las playas, combatiremos en las colinas...”, etcétera. Y Charles De Gaulle, cuando el Ejército alemán invadió y ocupó a Francia, lanzó su célebre llamado: “Francia ha perdido una batalla, pero no ha perdido la guerra”. Etcétera.
Escribí más arriba que Juan Manuel Santos había echado un discurso por la televisión para no decir nada, pero me doy cuenta de que se trata de una crítica injusta y contraria a la verdad, como diría él mismo. Sí dijo algo. Ante la grave emergencia provocada por el invierno, hizo un llamado a la unidad. Tal como De Gaulle, tal como Churchill, tal como Moisés. Debe de ser en decir eso que consiste la grandeza de un hombre político.
Bueno: en decirlo, y en que le hagan caso.

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